Volcando andadores

julio 13, 2007 at 7:32 pm (Uncategorized)

Cuentan en la familia, con perversa satisfacción, que cuando una servidora cumplió 6 meses y aprendió a sentarse era capaz de llorar hasta ponerse morada si la dejaban en la cuna cuando estaba despierta, llegando al azúl oscuro en la oportunidad en la que su pediatra aconsejó a su madre dejar que llore hasta que se le pase el berrinche, digamos que aprendí de muy chiquita que muerto el perro se acabó la rabia porque se ve que estaba dispuesta a suicidarme si no me quitaban los barrotes de la vista.

Mamá, papá y el abuelo (paterno), muy preocupados por la situación le compraron a la nena un bonito corralito, podría uno creer que es ridículo pasar a un niño de un encierro a otro, que es casi lo mismo pero no, no señores, hay una diferencia abismal entre una cuna y un corralito: La red, en aquellos entónces los corralitos eran todos iguales, una base acolchada con una red tipo pescador alrededor y la cantidad de juguetes que te meten ahí dentro para que no rompas mucho las paciencias.

Se supone que debo de haber soportado la novedad un poco más de una semana, o tal vez es el tiempo que tardé en encontrar la salida, no lo sé, mi memoria no me ayuda más que a recordar los relatos que sobre mi persona hacen, bueno tampoco tengo una memoria prodigiosa porque si nos guiamos por eso estos relatos, debo confesar que los escuché en cada maldita reunión familiar por 34 años y no creo que hayan terminado, en cuanto les presente a mi próximo marido volverán a comenzar, se les iluminan los ojos cuando encuentran carne fresca a la que hablarles mal de mi.

Cuestión que mamá estaba cocinando cuando sintió un ruido seco en el living de la casa y tras él mi angustioso llanto, cuando corrió desesperadamente hacia mi, y esto lo cuenta como si hubiera hecho una maratón al infierno, se encontró con la pesadilla de toda madre (exagerada) hecha realidad, su bebita estaba en el piso, fuera de su precioso corralito y con tremendo golpe en el medio de la frente que la hacía verse como a una cría de hipopotamo recién nacida.  

Teniendo en cuenta que no se explicaba nadie como había podido suceder tal cosa, y se ve que les era más precioso saberlo que evitarme el próximo golpe o escucharme llorar hasta la muerte en la cuna o dejarme gatear de una maldita vez, es que mami era una obsesiva de la desinfección y ni soñando dejaba que su niñita tocara el piso con las manitas que luego tal vez, tal vez las pindongas,  seguro, las manitas, los chicles escupidos por extraños y bajo el rayo del sol del mediodía en pleno verano y mejor no hablo de adulta,  se llevaría a la boca, pues me metieron de nuevo en el dichoso corralito bajo exhaustiva supervisión de los Sres. padres.  

Ahí se descifró lo que el poco inteligente inventor de semejante adminículo inseguro para bebés no había tenido en cuenta, la red de pescadores es una invitación a practicar alpinismo, piecito acá, manito allá, vas llegando al borde de tu libertad y como siempre sucede en la vida, cuando al fin asomas tu cabeza a ella, dicho triunfo prematuro sumado a la ley de la gravedad, te llevan a darte de boca contra el piso irremediablemente, en la segunda oportunidad parece que imité a un pichón de pato con pico de carne violeta.

 Pero no hay dos sin tres, a partir de ese entónces, sacaron como conclusión que lo mejor era que, durante las 24 hs del día, no se hallara un adulto responsable a más de 25 cm del borde de mi prisión, doy por supuesto de que seguro que aquello me alegró, si yo no me puedo mover de acá vos menos que joder, en fin, cuestión es que la condena no me debe de haber parecido justa o mi mamá como guardiacárcel es peor que como madre previsora para una niñita cabeza dura que busca partírsela todo el santo día, costumbre que aún conserva, porque se puso a planchar al lao del nefasto artículo infantil conmigo adentro y todo y pa cuando notó que mi escalamiento de red había progresado enormemente en tiempo y forma, ya me había planchado las dos manos.

Era de suponerse que el refrán cobraría notable contundencia, la tercera es la vencida y el llanto de mamá duró mucho más que el mío, así que solo quería hacer leña con el puto corralito toda ella y su corrosiva culpa ante mis llagas, por lo que papá y el abuelo se vieron obligados a encontrar alternativas para su drama o iban a tener que lidiar con una ama de casa desesperada, joven y bonita más una niña inquieta, rompehuevos y simpatiquísima, ellos mismitos y en persona  y ningún hombre es capaz de soportar semejante situación, para eso manejan dinero o se enlistan en el ejército si hace falta.

Ya puestos en la tienda de bebés a hablar con los expertos, expertos en sacar ventaja de la preocupación de los padres novatos como todo adulto que comercia con niños y esto no solo incluye sino pone en priemrísimo puesto a cualquier pediatra, encontraron la perfecta solución a los males de mi casa, un hermoso y dinámico andador.

La felicidad de mamá cuando al fin me sentaron en mi primer vehículo rodado, viendo que la nena ni moverlo sabía, solo lo miraba y toqueteaba exitadísima por la novedad, era comparable a la inocencia de una doncella poco dotada intelectualmente recién rescatada de una torre, y eso que mi papá tiene de príncipe , azúl y valeroso menos de lo que yo tengo de modesta, sumisa y obediente, yo parecía contenta, mami respiraba tranquila, papá podía ver esa noche una pelicula sin que le rompan las tarlipes y el abuelo ya estaba haciendo planes con el cerebrito de su nieta porque dicen que, mientras se le caía la baba, fué el único en comentar que yo miraba demasiado los detalles del chiche nuevo, la saliva derramada fué directamente proporcional a la perdida de respeto a sus dichos y todos en paz.

La noche transcurrió serenamente en mi hogar y al día siguiente mi madre recuperó la libertad de ocuparse de la casa sin verse obligada a cumplir el rol de vigía, en esas menudencias estaba cuando volvió a escuchar el sonido más aterrador que la perseguía en sueños intentando robarle la cordura para siempre, pum y llanto frenético, nena en el suelo, con chichón más pequeño por la distancia recorrida. pero atrapada debajo de su propia supuesta salvación.

Llega papá del trabajo y empieza su calvario, como todo un científico que ya estaba comenzando a comprender que el mejor método es la observación sin intervenir demasiado con los hechos, de esto terminó por deducir que la huída a tiempo es más efectiva pero eso fué una poco más adelante, sentó a su nenita en el aparato a evaluar y la dejó sola pero al alcance de la vista para encontrar quid de la cuestión, balanceo le llaman a eso, el tema estaba en el balanceo, balanceo para acá, balanceo para allá, cuando la cabeza funciona como péndulo por la inercia, otra vez la bendita ley de gravedad te deja por el suelo, el envión hace todo lo demás pa dejarte el pistón de sombrero.

Esto ya fué motivo suficiente como para llamar a una junta directiva familiar lo necesariamente concurrida como para aportar una cantidad considerable de soluciones que no fueran ni cortarme las piernas, ni dopar a mamá, o sea que estaba toda la familia en casa tratando de consolarla a ella, yo era la victimaria encima de los golpes recibidos, la vida es injusta desde los primeros meses señoras y señores, te privan de tu libertad sin haber cometido delito alguno y resulta que sos la condena de tus carceleros, en fin.

Esta vez deciden llevarme a mi a la tienda de soluciones, mamá, papá y la beba, un cuadro enternecedor de no ser por la angustia de mamá y la furia de papá, supongo que habrán pensado que iba a elegir algo, o que delante de testigos calificados yo iba a ser tan idiota de cometer el delito, los padres siempre subestiman a sus hijos y luego le echan la culpa a ellos, la respuesta a todas sus plegarias estaba a la vista, costaba algo más cara que la otra porque era una novedad, en realidad dos novedades, la respuesta y el hecho de que mis padres se enteraran que, muy a su pesar de aquel entónces y a pesar de que aún les gusta seguir creyendo lo contrario, yo era completamente normal, porque se ve que tuvieron que inventar algo para que los bebés dejen de usar sus andadores de sombrero, el andador involcable, pagaban lo que fuera que les pidieran por él, por eso los niños son un negocio iangotable y cuanto más chiquitos mejor.

Dos días completos me vi condenada al fracaso, 48 hs ininterrumpidas sin posibilidad de fuga, 2.880 minutos de planificación, 172.800 segundos de prueba de fallos, hasta que al tercer día vi la luz y mi madre volvió al infierno por haber sido tan cruel con su niñita adorada, la cosa esa tenía un círculo mu grande con muchas ruedas de base, en el centro exacto la sillita de la que dependía yo, a diferencia del anterior que siendo cuadrado y con 4 rueditas en las puntas era más fácil volcarlo que andar caminando con esa porquería alrededor, el nuevo estaba complicado por donde se lo mirara, pero como con todo lo complicado, la solución está fuera.

Mi pobre madre, pobre de capacidad de anticipación a los hechos, llegó a presenciar el momento en que empiezo con mis imitaciones de animales, esta vez quería ser cangrejo, porque se queda mirando ella intrigadísima porque carajo yo venía caminando patrás apuntando mi trasero empañalado directamente a la pared del fondo de un extenso pasillo, para cuando empecé a tomar carrera hacia adelante a esta mujer no se le dió por pensar lúcidamente respecto de mis intenciones y solo se dedicó a seguir viendo el como terminé estampada en la pared de frente tras terrible impacto que casi me cuesta una desfiguración total de rostro, pero libre rotunda y absolutamente del jodido andador involcable, esta vez ni de sombrero me quedó puesto.

Final feliz perdurable no, pero pequeño triunfo si señores, si, tuvieron que permitirme gatear sin más rodeos, gatear, meterme en el inodoro, tirarme un mueble encima, tomarme el café con leche del loro del vecino de atrás, la sopa del perro del de más atrás, en fin, estoy viva de milagro porque si fuera por mis padres, bien mal que me cuidaron y todavía encima se quejan ellos.

Moraleja:Nuestra LIBERTAD de acción se gana a fuerza de golpes desde los primeros días de nuestra puta vida y NUNCA, por mucho que nos duelan los golpes, por mucho que en el camino molestemos a nuestras propias familias, por mucho que nos vendan las cosas como infalibles, deberíamos renunciar a seguir volcando andadores.

Nota al margen: Como bien podrán haber observado en el viraje abrupto del estilo previamente trazado para este espacio, quien les escribe tiene dos problemas vitales:

1- No puedo sostener un personaje por tiempo indeterminado.

2- Tengo menos manejo del erotismo que de la sutileza.

Se aceptan sugerencias para sortear ambos inconvenientes sin caer en la teatralidad, si, si, es una propuesta indencente en toda regla, no se dejen engañar por las fotografías que grafican esta historia.

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¿Algún sospechoso en la sala?

Dedicado a mi Hermano, experto volcador de andadores:

 Todo se maneja desde la nuca (click here)

 

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