Mirada de mujer

octubre 20, 2007 at 6:03 pm (Uncategorized)

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Ella llegó sin avisar…
Mala señal, no porque hubiere reglas preestablecidas para llegar a mi casa en las horas que fueren, solo porque nunca hasta aquella noche lo había hecho.
Subió y se sumó a los demás como si nada sucediera, risas, cerveza y conversaciones ligeras superpuestas, como  collage subrealista, el humo en el ambiente hacía todo lo demás.
Nada parecía fuera de lugar, pero estaba nerviosa, la delataba su forma de fumar, el modo en que sujetaba el vaso, la posición en que cruzaba las piernas, la docilidad con la que reía y por sobre todas las cosas que la ponían en evidencia, la increíble fluidez para relatar hilarantes experiencias haciendo un despliegue magistral de ironía, con tal sutileza que se volvía imperceptible visto desde fuera.
Por una vez escogí el silencio, me recosté en mi sillón favorito al mejor estilo espectador y la escuché, ni por un momento le quité los ojos de encima, aunque cambiara el orador, mi mirada hacía que su pierna izquierda se moviera, que su cigarrillo se cayera antes de llegar a su boca, que intentara beber su cerveza de un vaso vacío aún cuando en el intento anterior lo hubiera descubierto, que su mirada paseara inquieta por toda la habitación esquivando siempre el lugar que yo ocupaba.
Si en algún momento se notaba mi presente ausencia, simplemente remataba una frase, de forma sorprendente y precisa, y me levantaba a servir otra ronda, tan solo para que nadie más se percatara de la intimidad que puede conseguirse sin caer en mala educación cuando los secretos están guardados a la vista de todos en reunión.
Entónces sí me miraba, durante todo el tiempo en que yo no lo hacía, no necesitaba verla ni siquiera de reojo para saberlo con absoluta certeza,  solo servir muy lentamente,  dejándola en último lugar, con impecable perversidad, cruzar furtivamente mis ojos con los de ella a la hora de pasarle su copa sin que pudiera evitarme y confirmar que estaba todo dicho sin mediar palabra.
En un caso así, cabe esperar discretamente, maquillar con reparo la ansiedad, cubrir con delicadeza las pistas de un crimen no cometido, convertirse en la coartada perfecta, hasta que uno a uno se vayan marchando y queden tan solo dos, que venían estando a solas de todas formas, era cantado, fuimos ella y yo esta vez.
-¿Puedo quedarme a dormir?
Lo preguntó mirando al suelo, no le respondí, tenía que alzar la vista para saber que si y así fué, entrada la madrugada ya y la noche recién comenzaba al fin y al cabo.
-Quiso ahorcarme, me empujó contra la pared y me puso las dos manos en el cuello, yo solo le decía que me prestara un poco de atención, que me sentía sola con él, que lo extrañaba teniéndolo al lado, que me iba a ir con el primero que me diera lo que me negaba, tenías razón, poco se puede hacer más que esperar que te suelte y pedírselo con la mirada, ¿Se puede volver de una cosa así?.
¿Cómo iba yo a contestarle esa pregunta?, no podía hacer cosa alguna más que escucharla y ponerme en su lugar, hablaba entre furiosa y asustada, ni una sola lágrima soltó hasta que empezó a recordar los buenos tiempos, no lloraba por lo malo que pasó, no, lloró tan solo por lo bueno que se fué, vaya que pesan las lágrimas de una muchacha cuando son por amor.
El silencio que generaba su llanto era imposible de llenar, intentarlo tan solo hubiera sido un acto de mal gusto, una falta de tacto imperdonable, cuando las lágrimas caen sin emitir sonido son tan de verdad que es imposible definir si propias o ajenas.
Tan solo una caricia puede secarlas, pero ni yo era la persona adecuada para dársela, ni ese era el momento de olvidarse los detalles que me descalificaban.
La veía tan sola, tan desprotegida, tan frágil, tan pequeña… y yo…yo tan cerca… y tan lejos…lágrimas negras pensé, entónces me miró directo a los ojos, quizá por primera vez, quizá no, sin embargo nunca la había visto mirarme de semejantes maneras.
Mi pierna izquierda empezó a moverse, mi cigarrillo se cayó antes de llegar a mi boca y volví a intentar beber mi cerveza del vaso vacío cuando en el intento anterior lo había descubierto.
-“Una chica joven se sienta en la barra de un bar y el camarero le pregunta:
– ¿Qué desea?
– Quiero 6 tequilas.
– ¿6? ¿Está celebrando algo?
– Sí, mi primera chupada.
– Bueno, en ese caso deje que la invite al séptimo para darle la enhorabuena.
– No se ofenda, pero si con 6 no me he quitado este sabor, no me lo quitaré con nada.”
Debería haberle dicho algo con una moraleja más apropiada, lo sé… es imposible pensar con claridad en un momento como ese, primero abrió los ojos por demás, luego frunció el entrecejo, se secó las lágrimas, como niña pequeña, corriendo aún más su rimel, soltó a reirse a carcajadas y cuando volvió a clavar su mirada en la mía,  mordiendo nerviosamente su labio inferior, comprendí, a golpe de vista, cuan desprotegidos estais los hombres ante una mirada de mujer.
Lo demás entre nosotras…
…os lo dejo librado a sus imaginaciones.

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